En un país de negros, mulatos, y mestizos es importante recordar ¿y tu abuela, dónde está?

 
En mis tiempos de mozo escuché algunas historias de porque debíamos casarnos con personas de un color de piel más clara, incluso el buscar pareja en los Estados Unidos bajo la descabellada idea de "mejorar la raza".
 
El escuchar aquél comentario me hizo sentir muy mal, e, incluso, dentro de mi mentalidad juvenil, comencé a ver a aquella vecina de mi tía, una mujer de tez morena, en una manera que jamás había experimentado en mi vida, visitando el sentimiento de desagravio, por la mención negativa del color de nuestra piel, de cerca, por vez primera.
 
Si, fue en aquella ocasión, la primera vez en que entendí que existía una diferencia en el color de la piel en los seres humanos, y, más aún, el que algunos preferían una tonalidad sobre otras.
 
Con el paso de los años, siendo sobrino de la Majestad Negra, Sylvia del Villard, nadie más negro y orgulloso de su raza en nuestro pueblo, y disfrutando de una amalgama de color dentro de mi familia, logre concientizar la diferencia racial en nuestro pueblo como nula y, he aprendido claramente el significado del viejo adagio boricua, “oye y tu abuela, ¿dónde está?”
 
Es por esto que me han parecido chocantes los comentarios que he escuchado en el día de hoy, provenientes de algunos estadistas en torno a la candidatura de Rafael Cox Alomar como Comisionado Residente, por el Partido Popular Democrático.
 
Estos comentarios apuntan, en tono negativo y burlón, al color de la piel del candidato, que en materia de educación, experiencia, y habilidad de expresarse en el inglés, domina claramente a su oposición en el partido estadista, Pedro Pierluisi.
 
Señores vivimos en un país donde negros, mulatos y mestizos comparten la faena diaria y se unen para formar nuestra cultura, consecuencia de nuestra herencia, tanto racial como cultural, en donde indios, españoles y negros esclavos, formaron nuestra cadencia racial.
 
Hace cuatro décadas, Isabelo Zenón, escribió el libro Narciso descubre su trasero, un libro que llegó a mis manos durante mis tiempos de universitario y describía en sus páginas el racismo latente en Puerto Rico desde la perspectiva de un negro puertorriqueño.
 
Nuevamente, volví a experimentar el sentimiento racial que nunca había sido parte de mi realidad juvenil, hasta aquél momento del comentario sobre mejorar la raza, ahora, el libro de Zenón presentaba en manera formal y estructurada, la realidad de un racismo nacional al que nunca había estado expuesto.
 
Ahora, pasada la mediana edad, estos sentimientos, nuevamente surgen a la superficie, dentro del marcado racismo en el comentario de algunos estadistas, que ya se han referido al Cox Alomar como “el negrito ese”.
 
No tengamos duda de la capacidad intelectual y la preparación del candidato popular, no tengamos duda de que el mulato tiene la habilidad y la destreza lingüística para representarnos propiamente a nuestra nación en Washington, D.C.
 
El Comisionado Residente, Pedro Pierluissi se limitó a comentar “Yo no vengo en ánimo de criticar a mi oponente. Yo le voy a decir al pueblo que conmigo van a la segura. Conmigo saben lo que hay; conmigo van a salir hacia adelante”, un comentario que denota clase y que debe ser la tónica en lo que a esta contienda política compete.
 
Si algo es claro, es que sabemos lo que tenemos con Pierluissi, grandes gastos, muchos viajes y poca acción, aunque demuestra lucidez y decencia en sus postulados.  En Cox Alomar, hay una magnífica hoja de preparación académica, graduado de Cornell y Harvard, y una experiencia consistente y probada en la práctica legal en Washington, D.C.
 
El que algunos estadistas hayan bajado a criticar el color de su piel y estén resaltando un claro sentimiento racial que ha distinguido a algunos dentro del partido de “los guaynabitos” en manera recatada y solapada, desenmascara la realidad política de estos estadistas.  Pero más claro aún es que esta actitud representa el bajo coeficiente de inteligencia de algunos dentro de ese partido que al criticar a Cox Alomar, fallan en reconocer que están criticando al componente racial de nuestro país, a Clemente, Campeche, Cepeda, Alomar, Tito, Don Pedro y Concepción de Gracia, al jibarito y a Pedro Flores, Ruth Fernández, al doctor José Celso Barbosa, propulsor de la estadidad, a una gran parte de nuestros atletas, músicos y exponentes de nuestra cultura, incluso nuestro combinado nacional en el baloncesto femenino, en fin, a la crema y la nata de nuestro pueblo y nuestra cultura, y, más allá, en la nación de la que quieren ser parte, al Presidente norteamericana Barack Hussein Obama.
 
Hay que ser bien cortos de mente para jugar el papel racial dentro de este asunto, e incluso para exponer el sentimiento de manera abierta.
 
Los hombres se miden por su capacidad y por sus actos, me parece que el candidato popular para Comisionado Residente es un hombre de gran capacidad y refrescantes ideas, que, desde un principio, ha presentado ideas para incentivar la economía en el país.  Más importante aún, Cox Alomar presenta ideas claras y concretas, algo que verdaderamente se ha obviado en el discurso político reciente.
 
Por tanto me dirijo  a todos los blanquitos de closet, a aquellos que ya han criticado la candidatura de Cox Alomar desde la esquina obscura y retrograda del racismo, o a los que han pensado en tomar esta tónica dentro de su discurso futuro, recuerden hombres y mujeres boricuas TODOS, somos una nación compuesta por negros, mulatos y mestizos y, consecuentemente, les convido a que piensen, analicen y recuerden, ¿y tu abuela, dónde está?
 
Y al Partido Popular, les felicito, han traído al ruedo a un formidable candidato, de eso es que se trata este juego de la política partidísta.

 

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